Opinión de Toñi, desde Molina de Segura (Murcia)

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Opinión Toñi
Hola Elena, me gustaría comenzar diciendo tres cosas sobre tu libro si me permites: 
 
  •  La primera: Desde mi perspectiva como madre, me siento tremendamente orgullosa de que mi hijo adolescente fuese directamente hacia ti a comprar tu libro tras escuchar atentamente tus palabras en la exposición que tuvo lugar en Murcia. Un niño con 14 años que quedó absorto y me dijo al terminar: -Mamá, ¿me das dinero para comprarme ese libro?-. Atenta a sus palabras: «Comprarme». Diré que los dos, el pequeño y él, me han visto leerlo, tenerlo rodando por casa y saben lo poco que tardo en devorar lecturas, sin embargo, no les había ofrecido leerlo, tampoco les mencionamos mi marido y yo que iríamos a la charla hasta un día antes. Solo les dijimos que mamá iba a encontrarse con una amiga y decir unas palabras en público. Algo me dice en mi interior que esto es importante comentarlo, pues no es fácil llegar a un público que tiene a su alcance tantas distracciones diarias que poco o nada tienen que ver con dedicarse tiempo a uno mismo. Pese a que en casa siempre hemos procurado inculcarles el valor de las cosas sencillas, jamás me había pedido dinero para algo así. Es por ello, que me alegra aún más si cabe, que naciese esa inquietud por sí sola en él y no fuese dirigida por mí.
 
  • La segunda es hacerte llegar mi agradecimiento personal, por redescubrir el valor de cerrar ciclos y darse oportunidad cada uno de nosotros de conocer y aplicar aquello que dejamos incompleto. Yo, por ponerte un ejemplo, he retomado viejas ilusiones y proyectos donde encontraba un no por respuesta. Te parecerá absurdo, pero no sabía que podía conducir una moto de gran cilindrada hasta que lo intenté. Era un sueño para mí y al final lo he conseguido. Siempre he hecho lo que me hacía feliz, en cambio, no sé por qué, para cumplir este objetivo, me dejaba influenciar por cosas como el miedo de muchos a «es difícil y peligroso», la incomodidad incluso, de como MUJER y MADRE atreverme a hacer algo así, como si eso estuviera ligado a IMPOSIBLE. Palabras de «bueno si quieres moto, mejor una pequeñita, eso te pega más», «son más fáciles» o  las palabras de «tú estás loca», son algunas de las cosas que he superado y con las que ahora sonrío. Y tras la lectura, me dije: «¿por qué narices no?» El caso es que, comencé a tomar clases, animada por mi marido y, la verdad, es que se me da hasta incluso bien. El profesor me comentaba lo rápido y bien que he aprendido. Punto más a mi favor. Ahora sé que yo estaba en lo cierto. Ahora toca lidiar con más cautela el tráfico, por supuesto, pero he cumplido con mis expectativas. Soy capaz, lo he intentado. Y dejando a un lado el miedo a caer, sé que una 500 CC no es un misterio, un imposible o algo que me esté prohibido y vetado. La intención no era pilotar un artefacto tan grande, fíjate, pero llegó así. Me lo propusieron como un reto, esperando a que dijese no, a que me tirase para atrás. Realmente, de no haberlo intentado, aún no sabría hasta dónde soy capaz de llegar. No necesito la moto en sí, y tampoco un avión de 500cc para circular, con suerte una 125, pero eso ya no me importa. Ese no era el fin.
 
  • La tercera es, que tenía un ejemplar de tu libro para regalar y ya se lo he enviado a esa persona que considero necesario que lo tenga, que se empape de todo lo que relatas. Ojalá le sea de ayuda en su proceso, pues vive una situación bastante complicada. 
Espero y deseo, de todo corazón, que mi experiencia o similar, se repita en muchos de tus lectores. A mí, personalmente me ha encantado.
 

Hasta pronto, hermana.

 

P.D.: Tengo pendiente rodar en moto con mi medio limón amargo. Al final, el sueño de uno, dará lugar a un recorrido de dos.
 
Gracias, eternamente. 💖

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